La industria francesa en México crece en ventas, especialmente Renault y Peugeot, aunque sin producción local directa. La presencia industrial se concentra en autopartes y exportación, con ventajas arancelarias por el TLCUEM.
La semana pasada cerró el Mondial de l’Auto de Paris, lo que llamamos comúnmente el “Autoshow de París” que parece revivir ante la muerte inminente de muchos del mundo. Podemos leer que alguna prensa europea se fue con una conclusión: los franceses no trajeron producto a producción, y coincido, trajeron más nostalgia.
Citroën resucitó el 2CV –un amado francés que puede ser como el Vocho en México– como eléctrico de unos 15 mil euros para 2028; Renault revivió el Espace y hasta el R8 Gordini; Peugeot mostró el E‑T16, homenaje al 205 Turbo 16 de rally, y confirmó el e‑208 GTi. Conceptos, casi todos. De producción real, al momento solo el Mégane reestilizado y una Twingo con el cofre sellado.
¿Y eso qué le importa a México? Más de lo que parece, porque la relación entre la industria francesa y nuestro mercado es una de las más peculiares. Empecemos por los números. Hasta septiembre, Renault lleva 27 mil 073 unidades en México, un alza de 17.1% en un mercado que crece 5.3 por ciento. Es la marca de volumen que más rápido avanza entre las europeas, con un detalle que pocos ven: no fabrica un solo auto en México. Todo lo que vende llega de Brasil, Colombia, Argentina, Corea, Francia y China. Y el modelo que la sostiene, el Kwid, es el auto más barato del país. Un poco resulta que Francia, cuna del lujo, compite en México con él, en la base de la pirámide.
Peugeot, dentro de Stellantis, que acumula 76 mil 194 unidades y crece 22%, el león vive de los vehículos comerciales: Partner, Expert, 2008 para flotillas. En septiembre no fue su mes, pero pertenece al grupo que sube 43 por ciento. La marca que en París presume un deportivo eléctrico de 816 caballos, en México podemos decir que su mayor mercado es el comercial y de reparto.
Hay un tercer actor del que nadie habla en los salones: las autopartes. Michelin en León, Valeo en Querétaro y San Luis Potosí, Forvia en Puebla. La huella industrial francesa en México es mucho más grande en componentes que en marcas, y esa es la parte que exporta a Estados Unidos.
Ahora mire el mapa completo. En todo el continente americano los franceses ensamblan autos en apenas siete fábricas, y ninguna está al norte de Colombia. Renault tiene Curitiba en Brasil, Santa Isabel en Córdoba, Argentina, y Envigado en Colombia, su planta más antigua en la región, abierta en 1970, más una fábrica de cajas de velocidades en Los Andes, Chile. Peugeot y Citroën, vía Stellantis, producen en Porto Real, Brasil, en El Palomar, Argentina, y en Montevideo, Uruguay. Eso es todo. Desde Panamá hasta Alaska, ni una sola línea de ensamble francesa. Y el dato que resulta más interesante, el de Colombia, que produjo casi 22 mil autos en el primer semestre, exportó dos tercios, y su principal destino fue México.
Aquí entra el dato que cambia la lectura. Desde enero, México cobra 50% de arancel a autos terminados de países sin tratado comercial. Los franceses, cobijados por el TLCUEM, están exentos. Mientras las marcas chinas pelean ese muro, Renault y Peugeot tienen la puerta abierta. No se esperaba, pero nadie en París anunció una planta mexicana: Renault lleva años analizando el tema y se ha hablado de un modelo que Nissan le fabricaría en Aguascalientes. Y para ser justos Stellantis que es dueño de Peugeot tiene una gran huella de producción en el país y aportación al país, aunque todavía ninguno es un francés, quizás no lo necesitaría.
Lo que se analizó en París fue cómo seducir al europeo con su propio pasado. Lo que a México le gustaría saber es si algún auto mexicano llevaría el logo del rombo o del León. Hay que recordar que hace dos décadas se ensamblaron Renault en Aguascalientes y por ahí alguna camioneta en CIVAC. El 2CV eléctrico es encantador, los conceptuales emocionan, el mercado mexicano compra más franceses y hay nuevas estrategias.




