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Cinco mitos que siguen confundiendo a los compradores de autos electrificados

Rita Segura

2026-10-20

Imagen Autos

¿Las baterías duran poco? ¿Un eléctrico no sirve para carretera? Cinco mitos sobre la movilidad electrificada que conviene dejar atrás antes de comprar.

Baterías que “no duran”, autos que “no sirven para carretera” o la idea de que todos los eléctricos son iguales son algunas de las creencias que todavía pesan al momento de elegir un vehículo. La tecnología ha avanzado más rápido que muchos de los prejuicios que la rodean.

Lo cierto es que el mercado automotor está cambiando y, con él, también las preguntas que se hacen los consumidores. La llegada de más vehículos eléctricos, híbridos e híbridos conectables ha ampliado las opciones, pero también ha generado una buena dosis de dudas.

En México, donde la oferta electrificada continúa creciendo, muchas de estas preguntas siguen acompañadas de ideas que nacieron cuando esta tecnología apenas comenzaba a popularizarse. El problema es que algunas ya no corresponden a la realidad actual.

No se trata de afirmar que un auto eléctrico sea la mejor opción para todos. La decisión, como siempre lo hemos comentado en este espacio, depende del uso, presupuesto, infraestructura disponible y necesidades de cada conductor. Pero sí vale la pena revisar algunos de los mitos más comunes.

1. “Las baterías duran muy poco”

Quizá sea el temor número uno: comprar un eléctrico y terminar, pocos años después, con una batería agotada y una reparación millonaria.

La realidad es bastante menos dramática. Los fabricantes suelen ofrecer garantías para las baterías de alrededor de ocho años o 160 mil kilómetros, aunque existen coberturas que pueden ser mayores dependiendo de la marca y el mercado. Además, las baterías actuales incorporan sistemas de gestión térmica y electrónica que ayudan a controlar su funcionamiento y degradación.

Una batería sí pierde capacidad con el tiempo, igual que sucede con la de un teléfono celular, pero eso no significa que deje de funcionar de un día para otro. La degradación es generalmente progresiva y está influida por factores como temperatura, química de las celdas, hábitos de carga y uso del vehículo.

De hecho, un análisis citado por el Departamento de Energía de Estados Unidos encontró que los reemplazos de baterías por falla fueron muy poco frecuentes: 1.5% en vehículos modelo 2011-2023, excluyendo los reemplazos derivados de llamados a revisión; para modelos 2016-2023, la proporción fue inferior a 1 por ciento.

La realidad: una batería no es eterna, pero tampoco es un componente diseñado para “morir” después de unos cuantos años.

2. “Los eléctricos no sirven para carretera”

Aquí hay una parte de verdad que merece contexto. Viajar en un eléctrico requiere planear la recarga de una manera diferente a llenar un tanque de gasolina, especialmente en trayectos largos. Pero decir que no sirven para carretera ya no describe el mercado actual.

La autonomía de los vehículos eléctricos ha aumentado considerablemente y existen numerosos modelos capaces de superar los 450 kilómetros con una carga bajo determinadas condiciones y ciclos de homologación. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), la autonomía promedio de los eléctricos de batería vendidos globalmente se acerca actualmente a los 380 kilómetros, mientras que los modelos de mayor tamaño ofrecen cifras superiores.

También está creciendo la infraestructura. En México por ejemplo, la IEA reporta que el número de puntos públicos de carga llegó a alrededor de 4,000 en 2025, aunque reconoce que el crecimiento de la infraestructura todavía no avanza al mismo ritmo que el parque eléctrico.

Por eso, el verdadero tema no es solamente “¿cuántos kilómetros da?”, sino dónde puedo cargar, cuánto tarda y cuál será mi ruta habitual?

La realidad: un eléctrico puede viajar por carretera; simplemente exige una planificación distinta.

3. “Cambiar la batería cuesta lo mismo que comprar otro auto”

Esta afirmación probablemente nació de comparar el precio de un paquete completo de baterías con el de un automóvil usado. Y sí, una batería de alta capacidad puede representar una reparación importante fuera de garantía.

Pero de ahí a asumir que todos los propietarios tendrán que cambiarla completa hay una distancia enorme.

Los reemplazos por falla son poco frecuentes y, además, los sistemas de baterías modernos están compuestos por múltiples módulos y sistemas electrónicos. Dependiendo del diagnóstico, no necesariamente significa sustituir todo el paquete.

Los costos también han mostrado una tendencia descendente a medida que aumentan la producción y la escala tecnológica.

Incluso las estimaciones disponibles muestran una enorme variación dependiendo del vehículo, tamaño del paquete y fabricante, lo que hace imposible hablar de un precio universal para “cambiar la batería”.

La realidad: puede ser una reparación costosa, pero no es un gasto programado ni inevitable durante la vida útil de todos los vehículos eléctricos.

Un Kia EV6 GT plateado circulando por una autopista con el perfil de la ciudad al fondo

4. “Los híbridos prácticamente no ahorran combustible”

Aquí el error está en pensar que un híbrido simplemente agrega una batería a un automóvil convencional.

Su ventaja está precisamente en cómo combina ambos sistemas. El motor eléctrico puede apoyar al motor de combustión durante la aceleración, mover el vehículo en determinadas condiciones y reducir el tiempo que el motor permanece encendido. Además, el frenado regenerativo recupera parte de la energía que normalmente se perdería en forma de calor.

Y es justamente en ciudad donde esta tecnología puede resultar especialmente interesante: tráfico, frenadas, arranques y velocidades bajas crean condiciones en las que el sistema eléctrico puede intervenir con mayor frecuencia.

El Departamento de Energía estadounidense señala que los híbridos pueden ser entre 25 y 40% más eficientes en combustible que vehículos convencionales comparables, aunque el resultado depende del modelo y de las condiciones de manejo.

La realidad: no todos los híbridos consumen lo mismo, pero reducirlos a “un auto de gasolina con una batería” es quedarse muy corto.

5. “Todos los eléctricos son iguales”

Este quizá sea el mito más fácil de desmontar. Dos autos eléctricos pueden tener la misma carrocería tipo SUV, una autonomía similar y un precio cercano, pero comportarse de manera muy distinta.

Hay diferencias en química y tamaño de batería, eficiencia, potencia, capacidad de carga, arquitectura eléctrica, velocidad de recarga, sistemas de gestión térmica y software. Incluso el peso, el tamaño de los neumáticos y la aerodinámica influyen directamente en el consumo energético.

La propia IEA señala que la autonomía real depende de factores como el tamaño del vehículo y las condiciones de conducción, mientras que el Departamento de Energía destaca que temperatura, velocidad, aceleraciones y uso del aire acondicionado pueden modificar considerablemente el rango disponible.

Por eso, mirar únicamente la cifra de autonomía que aparece en una ficha técnica no basta.

La realidad: en los eléctricos, como en los autos de combustión, comparar solamente por precio o potencia puede llevar a una mala decisión.

Más información, menos prejuicios

La electrificación del automóvil todavía está escribiendo su historia. Habrá avances tecnológicos, nuevas químicas de baterías, mejores sistemas de carga y también retos que la industria tendrá que resolver.

Pero el consumidor ya no está frente a la tecnología experimental de hace algunos años. Hoy existen eléctricos, híbridos e híbridos conectables con propuestas muy diferentes entre sí.

La mejor pregunta antes de comprar no debería ser “¿los eléctricos funcionan?”, sino algo mucho más práctico: “¿qué tecnología funciona mejor para mi manera de conducir?”.

Lo cierto es que la verdadera evolución del mercado no consiste en sustituir una tecnología por otra, sino en ofrecer más alternativas para que cada conductor encuentre la que mejor se adapta a su vida.

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