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¿Y después del Mundial? El reto de convertir la fiesta en turismo permanente

Pablo Islas

2026-06-25

La Copa del Mundo ha impulsado la llegada de visitantes y proyectado la imagen de México a nivel global.

La Copa del Mundo de 2026 ha puesto a México en los ojos del planeta. Millones de aficionados han seguido los partidos, las imágenes de las ciudades sede han recorrido el mundo y la actividad turística ha registrado un importante crecimiento durante el torneo. Sin embargo, una vez que se apague el último reflector y el campeón levante el trofeo, surgirá una pregunta inevitable: ¿qué sigue para el turismo?

Especialistas coinciden en que el verdadero éxito de un Mundial no se mide únicamente por la derrama económica inmediata, sino por la capacidad de los países anfitriones para transformar esa exposición global en visitantes permanentes. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) considera que la Copa del Mundo representa una oportunidad única para fortalecer la conectividad, mejorar la infraestructura turística y posicionar a Norteamérica como uno de los principales destinos del mundo.

En el caso de México, los primeros indicadores son positivos. La Secretaría de Turismo ha informado que el país registra el mayor crecimiento turístico entre las tres sedes mundialistas, con aumentos en la ocupación hotelera, el flujo de pasajeros y la actividad económica vinculada al sector.

Pero el desafío comienza cuando termina el torneo. La experiencia de otros países demuestra que la promoción internacional obtenida durante un Mundial puede convertirse en una herramienta poderosa para atraer viajeros durante los años siguientes. Las imágenes de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey vistas por audiencias globales pueden despertar el interés de futuros visitantes que no viajaron durante la competencia, pero que podrían hacerlo más adelante.

El turismo posterior al Mundial dependerá de varios factores: mantener una buena conectividad aérea, aprovechar la infraestructura renovada, fortalecer la promoción internacional y ofrecer experiencias que vayan más allá del futbol. Gastronomía, cultura, playas, zonas arqueológicas, pueblos mágicos y grandes eventos musicales pueden convertirse en la siguiente etapa de una estrategia que comenzó con el balón rodando.

Además, el torneo deja un legado intangible: la visibilidad. Durante semanas, México ha ocupado espacios privilegiados en medios de comunicación, redes sociales y transmisiones internacionales. Ese nivel de exposición sería prácticamente imposible de obtener mediante campañas publicitarias tradicionales.

La gran pregunta es si el país podrá capitalizar ese momento. El Mundial termina en julio, pero la oportunidad apenas comienza. Si la promoción turística logra mantener vivo el interés internacional, la Copa del Mundo podría convertirse en mucho más que una fiesta futbolística: podría ser el punto de partida para una nueva etapa de crecimiento turístico para México.

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