El escritor Gonzalo Celorio recibió este jueves el Premio Cervantes, la máxima distinción de las letras hispánicas, de manos del rey Felipe VI en Alcalá de Henares. Durante una ceremonia cargada de emotividad, el autor de 78 años inició su intervención recordando una promesa realizada a su padre hace más de seis décadas. Este reconocimiento celebra una trayectoria dedicada a la docencia, la edición y la creación de una narrativa que rescata la identidad compartida entre diversas naciones. El galardón cuenta con una dotación de 125,000 euros, cifra que equivale a 2,312,500 pesos mexicanos.
En su discurso, Celorio definió a la novela no solo como un ejercicio literario, sino como un género estrictamente libertario que permite la soberanía del individuo ante la autoridad. El premiado defendió la “literatura del yo” y la libertad creativa para transitar entre géneros como el ensayo, la crónica y la memoria personal de forma fluida. Para el académico, el canon establecido por Miguel de Cervantes reside precisamente en la insubordinación a cualquier regla rígida impuesta por la tradición. Esta visión artística ha guiado su pluma en obras fundamentales que hoy son parte del patrimonio cultural de la lengua castellana.
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La reivindicación del castellano y la herencia cultural compartida
Celorio tomó una postura firme respecto al papel de la lengua española en la configuración de las identidades latinoamericanas durante su comparecencia en Madrid. El escritor afirmó que la historia y la cultura españolas son inherentes a la nacionalidad de los países hispanohablantes, permitiendo una unidad que trasciende las fronteras geográficas actuales. Esta declaración surge en un contexto de debates intensos sobre el pasado colonial, donde el autor priorizó el valor del idioma como una herramienta de cohesión y mestizaje. El castellano, según sus palabras, es el vehículo que permitió articular la soberanía de las naciones americanas.
El monarca Felipe VI respaldó esta visión al destacar que la lengua compartida permite atravesar 23 fronteras manteniendo una inteligibilidad absoluta en todo el mundo. Durante el acto, se recordó la influencia de figuras históricas como Sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora en el diálogo literario transatlántico. La gala sirvió para reafirmar que la relación entre las naciones que comparten el idioma se basa en una cercanía sincera y un afecto que perdura. La trayectoria de Celorio es un ejemplo técnico de cómo la formación intelectual se nutre del intercambio constante entre ambos lados del océano.
Los secretos de la memoria familiar y el sacrificio por la literatura
Para construir su universo narrativo, el autor se adentró en los archivos privados de su estirpe, consultando desde cartas antiguas hasta recetarios de cocina tradicionales. Celorio reveló que en sus indagaciones descubrió historias épicas de adulterios, exilios y conflictos sociales que transformó en personajes para sus novelas más famosas. El escritor defendió el uso del artificio literario para otorgar trascendencia a los recuerdos, permitiendo que cualquier lector pueda identificarse con las vivencias de su familia asturiana y cubana. Sus libros como Amor propio y Tres lindas cubanas son el resultado de este minucioso proceso de reconstrucción.
Una de las anécdotas más conmovedoras del evento fue el relato sobre el sacrificio que su madre realizó por la salud de uno de sus hermanos. Ante una enfermedad grave, la mujer prometió dejar de leer novelas durante cinco años a cambio de la recuperación de su hijo, cumpliendo el juramento con rigor. Celorio utilizó esta historia para ilustrar la importancia vital que la ficción tiene en la vida cotidiana de las personas comunes. Al finalizar su intervención, el nuevo premio Cervantes reiteró su amor por el lenguaje, asegurando que su palabra favorita siempre será, sencillamente, la palabra “palabra”.




