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Burger Boy y Tomboy: los reyes olvidados de las hamburguesas en CDMX

Pablo Islas

2026-05-28

La transición de las marcas locales hacia las franquicias globales transformó el paisaje urbano de la Ciudad de México.

Antes de McDonald’s, Burger King o Carl’s Jr., había unas hamburguesas que conquistaron el paladar de los capitalinos: Burger Boy y Tomboy.

Mucho antes de que los combos gigantes, las apps de entrega y las cadenas internacionales dominaran la conversación gastronómica, la Ciudad de México ya tenía sus propios templos de hamburguesas. Lugares donde las familias iban los fines de semana, los adolescentes tenían sus primeras citas y los niños coleccionaban juguetes mientras soñaban con una malteada gigante.

Burger Boy nació en 1968 y rápidamente se convirtió en uno de los primeros grandes fenómenos de comida rápida en México. Su primera sucursal abrió en San Ángel, sobre Insurgentes Sur, en una época donde el concepto de “fast food” todavía era prácticamente nuevo para el público mexicano.

La cadena no solo vendía hamburguesas: creó todo un universo alrededor de ellas. Las famosas “Brontohamburguesas”, nombres como “Brontodoble” o “Dinotriple”, los “loco-popotes” y los juguetes de dinosaurios se volvieron parte de la infancia de miles de capitalinos durante los años 70 y 80.

Además, Burger Boy entendió muy pronto el poder de la publicidad y la cultura pop. Sus comerciales aparecían constantemente en televisión y contaron con figuras como Chabelo y hasta una joven Salma Hayek. La voz del actor Jorge Arvizu “El Tata” también ayudó a convertir sus anuncios en piezas inolvidables para toda una generación.

Pero mientras Burger Boy dominaba buena parte de la ciudad, otra cadena comenzaba a crear su propia leyenda: Tomboy.

Tomboy apareció a principios de los años 70 y se volvió especialmente famosa por su concepto estilo diner estadounidense. Una de sus sucursales más recordadas estaba sobre Insurgentes Sur, frente al Parque Hundido, convirtiéndose en punto de encuentro para jóvenes, familias y amantes de las hamburguesas y las malteadas.

Tomboy tenía algo diferente: una vibra más cercana a los restaurantes norteamericanos clásicos, con servicio al automóvil, luces neón y enormes vasos de malteada que terminaron formando parte del imaginario urbano de la capital. Para muchos capitalinos, ir a Tomboy era casi una experiencia

aspiracional ligada a la modernidad y al estilo de vida estadounidense que comenzaba a influir en México durante esa época.

Durante años, ambas cadenas protagonizaron una especie de “guerra de hamburguesas” muy chilanga. Cada una tenía sus seguidores fieles, sus recetas favoritas y hasta sus sucursales emblemáticas. Era común escuchar discusiones sobre cuál tenía mejores papas, mejores malteadas o la hamburguesa más grande.

Sin embargo, la llegada de las grandes cadenas estadounidenses a mediados de los años 80 cambió por completo el panorama. La apertura del primer McDonald’s en México marcó el inicio de una nueva era para la comida rápida y poco a poco Burger Boy y Tomboy comenzaron a perder terreno frente al poder financiero y publicitario de las franquicias internacionales.

Con el tiempo, muchas sucursales desaparecieron, otras cambiaron de nombre y algunas terminaron convertidas en nuevos restaurantes. Pero el recuerdo permaneció intacto.

Hoy, Burger Boy y Tomboy siguen viviendo en la memoria colectiva de la Ciudad de México como símbolos de una época donde salir por una hamburguesa era mucho más que comer: era parte de la vida social, familiar y cultural de toda una generación de capitalinos.

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