Viajar despacio: menos destinos, más experiencias

Redacción

2026-02-03

El turismo lento permite una conexión auténtica con la cultura y la naturaleza.
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En un mundo donde el turismo acelerado invita a recorrer muchos lugares en poco tiempo, la idea de viajar despacio se abre paso como una forma distinta de conocer México. Este enfoque prioriza la vivencia profunda del destino, el contacto con la gente local y el respeto por el entorno, apostando por estancias más largas, recorridos tranquilos y una conexión auténtica con cada lugar.

Viajar despacio no se trata de sumar destinos, sino de habitar el espacio por unos días, observar sus ritmos y entender su identidad. Es caminar sin prisa, comer en mercados locales, conversar con artesanos, participar en tradiciones y permitir que el lugar marque el paso del viaje.

En la costa del Pacífico, Mazunte es un ejemplo claro de este tipo de turismo. Sus playas tranquilas, su ambiente relajado y su enfoque en la conservación natural invitan a desconectarse del reloj. Aquí, los días transcurren entre caminatas junto al mar, comida sencilla y atardeceres que se disfrutan sin apuro.

En el altiplano, Real de Catorce ofrece una experiencia donde el tiempo parece haberse detenido. Sus calles empedradas, su atmósfera silenciosa y su herencia minera permiten al visitante explorar el destino a pie, escuchar historias locales y comprender la vida cotidiana de una comunidad que convive con su pasado.

Otro destino ideal para viajar despacio es Pátzcuaro. A orillas del lago, este pueblo conserva tradiciones vivas, mercados locales y una fuerte identidad cultural. Permanecer varios días permite descubrir no solo su centro histórico, sino también las comunidades cercanas, la gastronomía regional y las costumbres que definen a la región.

En la sierra norte de Puebla, Cuetzalan invita a una experiencia pausada entre neblina, senderos y arquitectura tradicional. El contacto con comunidades indígenas, los rituales locales y la vida cotidiana del pueblo hacen de la estancia una vivencia más profunda y significativa.

Viajar despacio responde a una necesidad cada vez más presente: reconectar con el entorno, reducir el impacto del turismo y darle valor al tiempo. México, con su diversidad cultural y natural, ofrece escenarios ideales para este tipo de viaje, recordándonos que a veces el verdadero lujo no está en ir lejos ni rápido, sino en quedarse, observar y sentir el lugar.

REDACCION

ENERO 2026. 

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