El creciente acceso de niñas, niños y adolescentes a dispositivos digitales ha dejado de ser una tendencia para convertirse en una realidad cotidiana. En este contexto, UNICEF, en colaboración con diversas entidades académicas, ha publicado un informe que pone sobre la mesa uno de los debates más relevantes de la actualidad tecnológica: cómo el uso intensivo de pantallas está influyendo en el bienestar emocional, la salud mental y el desarrollo social de las nuevas generaciones.
El estudio parte de un dato contundente: la infancia y la adolescencia están hoy más conectadas que nunca. Teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras y plataformas digitales forman parte de su vida diaria para estudiar, comunicarse, entretenerse y socializar. Sin embargo, el informe subraya que esta hiperconectividad no es neutral y requiere una mirada más profunda y responsable.
Uno de los principales ejes del análisis es el bienestar digital. UNICEF advierte que el tiempo frente a las pantallas, cuando no está acompañado de orientación, límites y contenidos adecuados, puede afectar aspectos clave como la calidad del sueño, la concentración, el rendimiento escolar y la convivencia familiar. El uso nocturno de dispositivos, la exposición constante a notificaciones y la dificultad para desconectarse son señalados como factores de riesgo cada vez más comunes.
El informe también aborda la salud mental como un tema central. Ansiedad, estrés, baja autoestima y presión social aparecen vinculados al uso intensivo de redes sociales y plataformas digitales, especialmente en adolescentes. La comparación constante, la búsqueda de validación y la exposición a discursos negativos o irreales pueden generar impactos emocionales profundos si no existen herramientas de acompañamiento y educación digital.
Otro punto clave es el uso responsable de pantallas, donde el estudio insiste en que la solución no pasa por prohibir la tecnología, sino por aprender a convivir con ella. UNICEF y las instituciones académicas destacan la importancia de enseñar desde edades tempranas habilidades como el pensamiento crítico, la autorregulación y la gestión del tiempo digital, tanto en el hogar como en el entorno escolar.
El informe también hace un llamado directo a madres, padres, educadores y responsables de políticas públicas. La responsabilidad del bienestar digital
no recae únicamente en las familias, sino que debe ser compartida con escuelas, desarrolladores tecnológicos y gobiernos, promoviendo entornos digitales más seguros, contenidos adecuados a cada edad y herramientas de control accesibles y comprensibles.
En un momento en el que la tecnología es parte inseparable de la vida cotidiana, el documento refuerza una idea clave: conectar no siempre significa cuidar. El verdadero reto no es cuánto acceso tienen niñas, niños y adolescentes a la tecnología, sino cómo la usan, con quién la usan y para qué la usan.
Este informe se suma así a una conversación global urgente: construir una cultura digital más consciente, donde la tecnología acompañe el desarrollo infantil y juvenil sin desplazar el juego, la convivencia, el descanso y la salud emocional.
MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO
FEBRERO DE 2026




