La ciencia explica por qué ver películas tristes te hace sentir mejor después

Cecilia Masariego

2026-02-26

El llanto es una respuesta humana compleja que el arte logra activar de forma segura.
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El consumo de contenidos dramáticos que inducen al llanto representa un fenómeno psicológico que, a pesar de parecer irracional por la búsqueda de una emoción negativa, cumple una función de consuelo y satisfacción en el espectador. Este comportamiento se observa de manera recurrente en las salas de cine de la Ciudad de México durante la exhibición de producciones actuales como Cumbres borrascosas y Hamnet. Investigaciones recientes sugieren que enfrentarse a un drama intenso permite procesar sentimientos complejos que derivan en un estado de bienestar posterior, a pesar de que la reacción inmediata sea de tristeza.

De acuerdo con Ad Vingerhoets, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Tilburg, el impacto de una película dramática en el estado de ánimo es absoluto en el corto plazo. Los estudios realizados en laboratorio indican que el 100% de los espectadores que lloran reportan un peor estado de ánimo inmediatamente después de la función. Sin embargo, este efecto es transitorio. El análisis técnico de la respuesta emocional demuestra que, al medir el ánimo entre los 20 y 90 minutos posteriores, los niveles regresan al estado previo a la exposición del film, lo que sugiere un proceso de regulación natural del organismo.

El impacto psicológico del llanto en el espectador

La investigación de Vingerhoets plantea que el regreso al estado de ánimo inicial se percibe erróneamente como una mejoría. Al experimentar un punto emocionalmente bajo a través del llanto, el proceso de estabilización posterior genera una sensación de alivio técnico. Esta dinámica explica por qué muchas personas buscan deliberadamente experiencias que activen emociones intensas, una tendencia que también se manifiesta en la popularidad de géneros como el terror. El dolor derivado de una obra cinematográfica funciona como un catalizador para alcanzar un equilibrio psicológico que el individuo no siempre consigue de forma autónoma.

Este fenómeno no se limita al lenguaje visual. El especialista vincula esta búsqueda de sensaciones con las preferencias de la radio y la industria discográfica. Según los informes técnicos, la música triste se experimenta como un apoyo emocional que ofrece acompañamiento al oyente. En un mercado donde los éxitos de las décadas de los 80 y 90 siguen dominando las listas de reproducción, las baladas melancólicas mantienen una rotación constante debido a su capacidad para resonar con las vivencias personales de una audiencia que abarca diversas generaciones de adultos.

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La paradoja de la música triste y el placer sensorial

El disfrute de melodías que evocan tristeza ha sido objeto de estudio por parte del Laboratorio de Musicología Empírica de la UNSW. El profesor Emery Schubert sostiene que existe evidencia empírica de que la tristeza afecta positivamente el placer obtenido de la música de forma directa. A través de un experimento con sujetos que seleccionaron desde composiciones clásicas de Beethoven hasta éxitos contemporáneos de Taylor Swift, se determinó que la eliminación del factor melancólico en una canción disminuye el interés del oyente en un 82% de los casos analizados.

Los factores biológicos y psicológicos detrás de este comportamiento están relacionados con la seguridad emocional. Experimentar una amplia gama de sentimientos en un entorno seguro ayuda al ser humano a desarrollar herramientas para lidiar con los desafíos del mundo real. La industria del entretenimiento en 2026 reconoce que a las personas les agrada sentirse “conmovidas”, un estado que Schubert define como una mezcla entre la tristeza y la felicidad. Este hallazgo es fundamental para los programadores de radio, quienes seleccionan piezas con alta carga dramática para asegurar la fidelidad de sus seguidores.

La vigencia de las películas tristes y las baladas intensas en el centro de la cultura popular confirma que el llanto es una herramienta de conexión humana indispensable. Al cumplirse un ciclo más de estrenos dramáticos en Hollywood, la ciencia reafirma que la búsqueda de historias trágicas no es un acto de masoquismo, sino una necesidad de exploración emocional. Los detalles adicionales sobre cómo el cerebro procesa estas narrativas se publicarán en los próximos boletines de salud y cultura, reafirmando que la verdad sobre llorar con películas reside en la capacidad de redención que ofrece el arte tras el desahogo físico del espectador.

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