En el norte de Argentina, Iruya, conocido popularmente como el “pueblo de las nubes”, se consolida este invierno como uno de los destinos alternativos más atractivos para viajeros que buscan algo distinto al turismo tradicional. Ubicado en la provincia de Salta, en un entorno montañoso que parece suspendido entre cerros y barrancas, Iruya ofrece una experiencia donde la naturaleza, la cultura y el ritmo pausado se convierten en protagonistas.
Durante los meses de invierno, el clima seco y las temperaturas frescas favorecen la visita a este pequeño poblado de calles empedradas, casas de adobe y vistas panorámicas que parecen sacadas de una postal. A diferencia de otros destinos masificados, Iruya propone un viaje introspectivo, ideal para quienes buscan desconectarse del ruido urbano y reconectar con paisajes imponentes y tradiciones vivas.
Uno de los grandes atractivos del llamado “pueblo de las nubes” es su entorno natural. Rodeado de montañas, ríos y senderos, el destino invita al turismo de caminatas, la fotografía de paisaje y la contemplación. El acceso, aunque desafiante, forma parte de la experiencia: llegar a Iruya implica atravesar caminos de altura que refuerzan la sensación de estar entrando a un lugar fuera del tiempo.
En el plano cultural, Iruya conserva una identidad profundamente ligada a las comunidades originarias y a las tradiciones del norte argentino. La vida cotidiana, las celebraciones religiosas, la música, la gastronomía y la artesanía local permiten al visitante acercarse a una cultura que se mantiene viva y auténtica. Platos regionales, tejidos artesanales y festividades tradicionales forman parte del atractivo que distingue al destino.
El creciente interés por Iruya refleja una tendencia más amplia dentro del turismo argentino: la búsqueda de destinos alternativos, menos concurridos y con propuestas auténticas. Viajeros nacionales e internacionales comienzan a valorar experiencias que privilegian el contacto con la naturaleza, la historia local y la hospitalidad comunitaria, por encima de los grandes centros turísticos.
Además, este tipo de destinos impulsa un modelo de turismo más sostenible, donde el impacto económico beneficia directamente a las comunidades locales y se promueve el cuidado del entorno natural y cultural. Iruya se presenta así como un ejemplo de cómo el turismo puede crecer sin perder identidad ni equilibrio.
En un contexto donde cada vez más personas buscan viajar con sentido, el “pueblo de las nubes” se posiciona como una alternativa ideal para este invierno: un destino que no solo se visita, sino que se vive, se observa y se recuerda.
MARIA SOLEDAD GUJOSA VIVANCO
FEBRERO DE 2026




